Posteado por: Mexico Global | febrero 25, 2015

#Syriza busca la salida al laberinto griego

Nydia Egremy

Detrás del triunfo de Syriza está el hartazgo de millones de griegos que por años han cargado el gran peso de la deuda inmoral que en su nombre asumieron los anteriores gobiernos con la Troika (Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional).

La salida del laberinto griego es negociada hoy en Bruselas por dos clases antagónicas: la élite empresarial-financiera y los desposeídos trabajadores y clases medias ahorradoras. En tanto Portugal, España, Irlanda, Chipre y otros deudores esperan que Atenas logre arrancar al Eurogrupo el oxígeno que todos necesitan para sobrevivir.

Segundos después de confirmar la victoria electoral de la coalición de izquierda griega Syriza, el flamante primer ministro Alexis Tsipras llamó a inaugurar una nueva era ideológica en toda Europa, donde prosperen las diferentes perspectivas políticas y económicas y se frenen la polarización social–representada por el creciente racismo– y el autoritarismo de las entidades financieras con sede en Bruselas. Así, una Grecia devastada celebraba el comienzo del fin de la indignidad y una nueva fase de confrontación con el gran capital financiero.


La draconiana austeridad que el paquete de rescate de la Troika impuso a millones de griegos, se tradujo en su humillación y descrédito político. Toda una sociedad perdió sus empleos, redujo sus salarios y prestaciones y vio colapsar los servicios básicos y hoy, hartos de hipotecar su futuro en interés de los acreedores internacionales, los griegos dicen que ya no tienen nada qué perder y animan a su nuevo Gobierno a negociar con el Eurogrupo por un largo y sinuoso camino de final incierto.

La crisis social y económica evolucionó a una crisis política en Grecia que el 25 de enero llevó al colapso del viejo sistema político griego, que en los pasados 40 años estuvo basado en el duopolio bipartidista formado por el Partido Socialista Pasok –que en su historia, gobernó el país por más tiempo y hoy es la última fuerza en el Parlamento– y el Movimiento de los Socialistas Demócratas, el cual quedó fuera tras la última elección.

La prueba de fuego del nuevo Gobierno griego llegará la medianoche del 28 de febrero, cuando expire el plazo del actual paquete de rescate y el nuevo Gobierno y sus socios europeos encuentren una salida al laberinto económico y político del país. El dilema es claro: el llamado Eurogrupo exige que Atenas cumpla con las reformas pendientes, pero el nuevo Gobierno las considera inaceptables y pide un puente financiero para enfrentar sus compromisos de los próximos meses.

En su primera reunión del 11 de febrero con el Eurogrupo –donde lo esperaban los ministros de Economía y Finanzas de los 19 países de la Eurozona– Tsipras insistió en que no busca una prórroga al rescate a cambio de ayuda financiera, sino que el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos de la eurozona devuelvan mil 900 millones de euros (unos tres mil 147 millones de dólares) de los beneficios de los bonos griegos y se amplíe el techo máximo para emitir letras del Tesoro para enfrentar posibles problemas de liquidez. Ambos frentes parecen irreconciliables.

La víspera de esa reunión, el ministro de Finanzas Yanis Varufakis anticipó que iba bajo la premisa de que está dispuesto a la ruptura. Queremos acuerdo –dijo– pero si no lo hay y Alemania sigue en su posición dura, iremos al Plan B. Se ignora en qué consiste. Para algunos sería la búsqueda de otras fuentes de financiamiento (Rusia y China han ofrecido ayuda) y otros piensan en una campaña de solidaridad mundial.

Primeros pasos

Tan pronto asumió su gestión, el Gobierno de Tsipras comenzó a cumplir lo prometido: pidió una auditoria que muestre cómo, cuándo y quién generó la deuda del país, antes de reestructurar sus compromisos con los organismos financieros. Enseguida, anunció un programa de acción en dos fases: la primera, que pone los pilares del Plan de Salónica (de crisis humanitaria) que ofrece luz gratuita, vales de comida y bonos de transporte para los más pobres; su ejecución costaría unos dos mil millones de euros. La segunda fase, de mediano y largo plazo, busca crear condiciones para el nuevo contrato social y avanzar hacia esa nueva era ideológica.

Ahí se asegura que se atraerá la inversión privada, pero advierte que las redes e infraestructura, la riqueza natural y mineral son capital nacional, por lo que el Gobierno apoyará las inversiones que contribuyan a crear empleos; toda propuesta para explotar la riqueza pública deberá ir acompañada de un plan que garantice el interés público.

En otro giro novedoso el ministro de Trabajo, Panos Skurletis, anunció que restaurará los convenios colectivos, subirá el salario mínimo a 751 euros (unos 13 mil 500 pesos), protegerá a trabajadores de despidos masivos y acabará con el trabajo ilegal. Adicionalmente, el Gobierno buscará reformas para que los inmigrantes que perdieron su empleo por la crisis lo recuperen, el sector público reducirá las empresas subcontratadas y limitará los contratos temporales y parciales.

A su vez, el ministro de Lucha contra la Corrupción, Panayotis Nikoludis, anunció que la brigada de inspectores de Hacienda que lucha contra la evasión fiscal recaudará dos mil 500 euros de cuatro mil evasores, de un total de siete mil millones de euros evadidos (siete mil 910 millones de dólares). Como efecto de esas medidas y anuncios, la Bolsa de Atenas ha cerrado a la alza.

Deuda voraz

La debacle crediticia griega no se explica sin el generoso financiamiento del BCE y otras instituciones financieras, a sabiendas de la falsedad de las estadísticas europeas y de los gobernantes del país heleno. Ese contexto de corrupción también permitió que Grecia dejara de deber a bancos privados (alemanes, franceses y españoles) para ser deudor de instituciones internacionales y regionales a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), donde participan el BCE, el FMI y los Estados de la Eurozona.

Según el Tesoro Público griego, el 48 por ciento de la deuda pública fue comprada por extranjeros y el resto se divide entre acreedores como bancos españoles (30 por ciento), aseguradoras privadas (siete por ciento), planes de pensiones privadas (siete por ciento) y la Seguridad Social (ocho por ciento).

Al asumir esa deuda privada, supuestamente para reducir los intereses que pagaba Grecia y extender sus vencimientos, la Troika sólo contribuyó al abandono de Grecia por el sector financiero privado, explica el director adjunto del diario The Financial Times, Martin Wolf.

Ese rescate de la banca privada –a precios altísimos– fue a costa del crecimiento de la deuda pública griega, que de constituir el 100 por ciento del producto interno bruto (PIB) escaló al 174, en lo que se llamó la Gran Recesión. Tras las renegociaciones, el Estado griego logró reducir los intereses de su deuda del siete por ciento del PIB en 2011 al 4.3 en 2014, cifra inferior a la de Bélgica e Italia.

El estratega financiero Michel Pettis explica la esencia de la crisis griega con la pregunta: ¿Quiénes se beneficiaron de las políticas europeas antes de la crisis y quiénes resultaron afectados? Pettis responde que los más afectados fueron quienes hoy se espera que paguen el grueso de los costes del ajuste, por ello afirma que el actual no es un conflicto entre Grecia y la Unión Europea (UE), sino entre la élite del mundo de los negocios y de las finanzas (con los altos funcionarios de la UE) por un lado, y los trabajadores y clases medias ahorradoras por el otro.

El también economista teórico concluye que tanto la crisis de las deudas griega, española, portuguesa, italiana e irlandesa son resultado del conflicto entre grupos económicos, cuya salida sería la condonación, pero ante los intereses financieros detrás de este fenómeno parece improbable que los ricos europeos estén dispuestos a pagar el coste. Estas posiciones anticipan una larga y sinuosa negociación por su complejidad e incierto final.

Alemania

El premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, ha afirmado que las crisis de algunos países europeos como la que padece Grecia son consecuencia de las políticas erróneas de la UE, que sólo benefician a Alemania. Y pese a la felicitación a Alexis Tsipras de la canciller alemana Angela Merkel, las relaciones entre ambos países son más que difíciles. La dirigente afirma que está dispuesta a llegar a un compromiso con Grecia si cumple las reglas para generar confianza entre sus socios.

Un informe confidencial que ordenó el Gobierno griego saliente, publicado el 7 de abril de 2013 por el diario alemán Der Spiegel, reveló que Berlín debe a Atenas 162 mil millones de euros por reparaciones de guerra. Los sucesivos gobiernos griegos han demandado indemnizaciones a Alemania por los perjuicios ocasionados por el Tercer Reich, además de que Alemania obligó a Grecia a aceptar los términos onerosos de la deuda.

Ante el Parlamento, Tsipras dijo que quiere devolver el préstamo forzoso que Grecia recibió de Alemania y que lo hará con esas indemnizaciones de guerra que Berlín le debe al pueblo griego como “obligación moral” luego de que luchó y dio su sangre contra el nazismo. Esa indemnización, de 162 mil millones de euros (183 mil millones de dólares) –la mitad de la deuda griega– es para el primer ministro una “obligación histórica” y se reembolsará para pagar el préstamo obligatorio que Berlín impuso a Atenas.

Para el experto en finanzas y director del centro de análisis Re-Define, Sony Kapoor, la estrategia de Alemania y la UE consiste en humillar aun más a Grecia. Pero advierte que esa estrategia podría revertirse en su contra, pues muchos europeos –la mayoría alemanes– ya no consideran haraganes y despilfarradores fiscales a los griegos y hoy apoyan a Tsipras.

Esa simpatía se evidencia en el manifiesto Estamos con Grecia y con Europa firmado por 300 intelectuales y expertos de las universidades de Cambridge, Columbia, California y la Complutense, la escuela francesa de Estudios Superiores de Ciencias Sociales, entre otros, donde instan a gobiernos europeos e instituciones internacionales a negociar de buena fe la deuda con el nuevo ejecutivo heleno. El texto sostiene que las políticas aplicadas han sido un fiasco y subraya que las amenazas y chantajes equivalen a un fracaso moral del proyecto europeo.

Pese a que para algunos las reinvidicaciones político-financieras de Syriza son reformistas y populistas, otros como el editor de Sin Permiso, Antoni Domènech, y sus colaboradores Gustavo Búster y Daniel Raventós, llaman a construir “dos, tres, mil más Syrizas” para abrir una nueva etapa política en Europa. Entretanto, Portugal, España, Irlanda, Chipre y otros deudores esperan a ver cómo Grecia negocia con el Eurogrupo su salida del laberinto.

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