Posteado por: Mexico Global | agosto 3, 2015

#Nuevas relaciones sin bloqueo

 

 

 

Buzos De La Noticia, 3 de agosto 2015

Cuba y Estados Unidos (EE. UU.) dan los últimos pasos para restablecer sus relaciones diplomáticas después de más de medio siglo de haberse interrumpido como respuesta del imperio a las medidas nacionalistas implantadas por la Revolución Cubana. Desde 1961 se impuso a la Isla un bloqueo económico cuya suspensión, con todo lo que implica, es el requisito principal del Gobierno de Cuba para que la reapertura de relaciones se concrete.

El bloqueo, que al inicio fue secundado por los incondicionales de la primera potencia mundial, no tuvo la fuerza suficiente para hacer retroceder el proceso revolucionario y cambiar el rumbo político de la Isla; los enemigos de Cuba se vieron obligados a emplear innumerables medidas: bombardeo mediático, campañas de reclutamiento en el interior de Cuba, cuantiosa derrama de dólares para comprar a los inconformes y hacerlos combatir al Gobierno socialista e incitación al abandono de su país con el señuelo del paraíso gringo. Los contrarrevolucionarios respondieron al llamado imperialista, pero eran unos cuantos; el pueblo, firmemente unido, había conocido al fin la libertad y sabía que la patria era suya, no del capital extranjero que antes la había sojuzgado. La infiltración de espías y la compra de conciencias fracasaron, los saboteadores fueron denunciados por el pueblo y finalmente los invasores mercenarios fueron derrotados.

Transcurrieron 54 años de asedio, presiones políticas y económicas, embargos y atentados; 54 años de construcción de un país socialista que en medio de tales obstáculos ha logrado importantes conquistas: educación, cultura y servicios de salud de gran calidad y gratuitos para todos, a pesar del cerco económico tendido por EE. UU., que en 240 años como nación independiente no ha podido erradicar la desigualdad ni brindar a toda su población el bienestar que sí logró la Revolución Cubana.

El actual Gobierno de EE. UU., a diferencia de los anteriores, se ha mostrado dispuesto a restablecer las relaciones, ha reconocido que el intento de aislar a Cuba fue un error y ha dado, junto con el Gobierno cubano, los pasos necesarios que permitan corregir esta situación. Algunos ideólogos del monopolio también han llegado a la conclusión de que la reapertura de relaciones económicas les conviene, pues Cuba no se encuentra sola en el mundo, como creyeron en un tiempo; relacionarse con la Isla es hacerlo con todas sus naciones amigas, así se trasluce en el discurso pronunciado el 1º de julio de este año por Barack Obama al anunciar la decisión de su Gobierno: “en lugar de apoyar la democracia y las oportunidades para el pueblo cubano, nuestros esfuerzos por aislar a Cuba, con el paso del tiempo tuvieron un efecto opuesto… aislando a EE. UU. de nuestros vecinos en este hemisferio”.

Ante la posibilidad del acercamiento, el Gobierno de Cuba no vaciló en asumir una actitud favorable ni titubeó para abrir sus fronteras a la primera potencia mundial porque confía en la claridad de conciencia de su pueblo que no se dejará confundir o atraer con los señuelos del capitalismo y sus pretendidas “libertades democráticas”. Cuba sabe que a su pueblo le conviene restablecer relaciones y abrir las embajadas, así aflojará las tensiones y se hará menos duro el asedio; comerciar con el imperio repercutirá en la economía de los hogares cubanos, abrir las puertas al turismo estadounidense mostrará a Norteamérica la verdad sobre Cuba; por eso la reapertura de relaciones no puede ser negativa, sino conveniente.

No han faltado, sin embargo, voces que se opongan al acuerdo; dentro y fuera de EE. UU. hay quienes condenan el acercamiento entre las dos naciones; todos ellos constituyen un tercer grupo de intereses, el de los que se beneficiaron con el bloqueo; son los enemigos de Cuba, los que temen a su ejemplo, a su poderosa ideología; son los empresarios más celosos de la conservación de su decadente régimen y que han patrocinado invasiones en todo el planeta; y también son los que emigraron, engañados por el escaparate imperialista que pinta de bellos colores la vida en el capitalismo, o los que perdieron sus privilegios al triunfo de la Revolución Cubana; sólo a ellos podría disgustar que esos dos gobiernos y sus respectivos pueblos llegaran a ser nuevamente buenos amigos.

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