Posteado por: Mexico Global | octubre 2, 2015

Diplomacia secreta, clave en la aproximación #Cuba-#EstadosUnidos

 Por Nydia Egremy

El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos combinó la necesidad de Obama de dar un giro a su política exterior en la región con la visión geoestratégica de Raúl Castro. La historia oculta de las negociaciones, explicada desde Washington, descubre las motivaciones y objetivos estratégicos que convocó a multimillonarios, cancilleres, exdiplomáticos, exgenerales, al Papa Francisco, altos funcionarios y un proceso internacional de inseminación artificial. Falta conocer la versión cubana y escribir la siguiente fase de esa negociación.

Todo comenzó después de la reelección de Obama. En abril de 2013 el presidente de Estados Unidos  reunió un grupo de asistentes para “diseñar un juego para jugar con Cuba” y cambiar la política hacia la isla. Así, entre junio de ese año y diciembre de 2014 Benjamin Rhodes y Ricardo Zúñiga –parte del puñado de quienes sabían de ese proceso– encabezaron nueve sesiones secretas con sus homólogos cubanos en varias ciudades del planeta. Y Canadá –siempre mediando para romper la hostilidad entre la isla y el imperio– permitió ocho citas privadas entre ambas partes en Ottawa y Toronto, Canadá.

Sin informarle de las pláticas secretas, Obama buscó al senador por Massachusetts John Kerry para reemplazar a Hillary Clinton como secretaria de Estado. Kerry fue receptivo al interés por aproximarse Cuba; como líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado criticó los programas “pro democracia” de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) y se opuso al bloqueo. Además, jugó un rol clave en la normalización de relaciones con Vietnam.
En su nuevo cargo, Kerry se reunió cuatro veces en privado con el canciller cubano Bruno Rodríguez. Simultáneamente, lideró un grupo de legisladores que presionaron a Obama para reemplazar la política hostil de Washington por una de compromiso con Cuba para liberar a Alan Gross. En esas sesiones, McGovern preguntó al presidente hacia dónde iban con eso y aquél soltó la célebre frase: “¡Sólo hagámoslo!” (¡Just do it!).

Políticamente la Casa Blanca estaba en situación difícil: no deseaba hablar sobre los programas de la USAID o de Guantánamo y aseguraba que el Congreso debía levantar el bloqueo, así que restaurar los vínculos diplomáticos era la única acción que Obama podía tomar unilateralmente. A su vez, los cubanos subrayaron que no cambiarían su régimen político ni discutirían sobre derechos humanos o fugitivos estadounidenses ocultos en su país, reseñan Kornbluh y LeoGrande en la revista Mother Jones (MoJo).

El parteaguas

Tras el terremoto en Haití de 2010, Cuba y Estados Unidos cooperaron en la ayuda humanitaria a ese país. No obstante, el parteaguas fue la Sexta Cumbre de Las Américas de abril de 2012, cuando los jefes de Estado reprocharon a Washington su hostilidad hacia Cuba. “Nuestra política en la región fue arrastrada clara e irritantemente”, recordó la secretaria de Estado Asistente para Asuntos del Hemisferio Occidental Roberta S. Jacobson, quien luego encabezó la delegación de su país en las negociaciones con Cuba y es ahora embajadora de su país en México.

Hillary Clinton  pidió a su equipo diseñar acciones para potenciar una política de lo que un asesor llamó el Full Monty (todo por el todo). En sus memorias recuerda: “Recomendé al presidente Obama cambiar la visión del bloqueo, que no lograba nuestros objetivos y retrasaba nuestra agenda con América Latina”. En mayo de 2012 Clinton recibió un memorándum que recomendaba seguir negociando con Cuba la liberación de Gross “sin impedir el avance de otras negociaciones”.

 La jefa de gabinete de Hillary, Cheryl Mills, y la secretaria asistente para Asuntos del Hemisferio Occidental, Julissa Reynoso, negociaron con cubanos en restaurantes de Puerto Príncipe, bares subterráneos del lado este de Manhattan y un hotel en Santo Domingo. La Habana insinuó que intercambiaría a Gross por Ramón Labañino, Gerardo Hernández y Antonio Guerrero –del grupo antiterrorista llamado Los Cinco que protegían a su país contra fanáticos de derecha en la Pequeña Habana de Miami– quienes estaban presos desde hacía 16 años en Estados Unidos.

Obama sostenía que Gross no era espía sino experto en desarrollo que intentaba llevar Internet a la comunidad judía de Cuba; para la isla era un agente encubierto, describen Kornbluh  y LeoGrande. Para romper ese punto muerto, Estados Unidos llevó el caso de Rolando Sarraff Trujillo, agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) infiltrado en la inteligencia cubana que dio información a Washington para condenar a Ana Belén Montes –exanalista de inteligencia del Pentágono que por 17 años trabajó para Cuba– y al empleado del Departamento de Estado Walter Kendall Myers y su esposa Wendolyn.

En enero de 2014, en Toronto, Estados Unidos sugirió liberar a Gross bajo bases humanitarias para intercambiar a los tres cubanos por Sarraff. Pero todo se complicó cuando Estados Unidos canjeó a cinco líderes talibanes presos en Guantánamo por el sargento Bowe Bergdahl, capturado en 2009. El clamor creció cuando se supo que Bergdhal era desertor; ese hecho hacía imposible un intercambio similar con Cuba.

Sin precedente

Ese obstáculo se superó con la llamada “intervención divina”. Mientras seguían las pláticas secretas, reunido en la oficina de Susan Rice en septiembre de 2013, el senador Richard Durbin propuso involucrar al nuevo Papa Francisco, primer pontífice latinoamericano y conocedor de Cuba, pues acompañó a Juan Pablo II a la isla en 1998 y además, el Vaticano tenía credibilidad ante La Habana por su consistente oposición al bloqueo.

Atraer al Papa y liberar a los prisioneros de ambas partes involucró a los cardenales: de Cuba, Jaime Ortega, y de Washington, Theodore McCarrick. Tim Phillips, del grupo Más Allá del Conflicto, sugirió acercarse al cardenal de Boston, Sean O’Malley, muy cercano a Francisco y conocedor de América Latina. Tres semanas después en el Vaticano Obama decía al Papa que había “algo en curso con Cuba” y que sería útil que el Pontífice jugara un rol. A fines de octubre el Papa aceptaba ser garante del acuerdo final.

A la par avanzaba la llamada “diplomacia de la cigüeña”. En 2011 el jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington describió a Julissa Reynoso, del Departamento de Estado, que Adriana Pérez, esposa del cubano Gerardo Hernández (preso en Estados Unidos desde hacía 13 años), cumpliría 40 años y deseaba quedar embarazada. La Oficina de Prisiones se oponía a una visita conyugal secreta y por ello, Cuba solicitaba a Washington facilitar ese proceso.

Reunidos en un hotel de La Habana, en febrero de 2013, Pérez expuso su situación al senador Patrick Leahy y su esposa Marcelle. Sensibilizado, Leahy pidió a su asistente Tim Rieser encontrar una solución, quien halló el precedente de un preso que dio su esperma para inseminación artificial. Rieser facilitó que Pérez viajara a una clínica de fertilidad en Panamá y, tras confirmarse su embarazo, el Departamento de Estado le pidió no divulgar ese hecho, narra MoJo.

Más tarde, Gerardo Hernández explicó: “le dimos nuestra palabra de mantener el embarazo y el proceso en secreto para no perjudicar el objetivo mayor, que era nuestra libertad”. A cambio, Cuba mejoró las condiciones de Gross: le dio una computadora e impresora, le permitió más tiempo para ejercitarse, su abogado lo visitó hasta 20 veces y lo examinaron sus propios médicos.

Presión pactada

A la par numerosas fuerzas impulsaban a Obama por una puerta cuyo umbral ya había cruzado. Una era el Grupo Trimpa (GT), fundado por Ted Trimpa, que en octubre de 2012  lanzó una eficaz campaña mediática de encuestas y cabildeo político para acercar a Estados Unidos y Cuba. Ese otoño el empresario Tim Gill había viajado a la isla con su amiga Patty Ebrahimi con licencia de la Oficina del Tesoro; sin embargo, sus restricciones impidieron a Ebrahimi visitar a sus antiguos vecinos y amigos de su familia.

En el lobby del hotel Saratoga de La Habana, Patty lamentaba que “podía ir a cualquier parte del mundo, incluidos Vietnam, Norcorea o Irán sin permiso de su Gobierno, pero ir a Cuba exigía autorización”. Gill le sugirió usar su dinero para cambiar la política y la presentó con Trimpa; tres meses después, Patty y su esposo  Fred –propietario de Qark Software Inc.– aportaban un millón de dólares para alentar ese cambio.

El Grupo Trimpa apoyó: una investigación que reveló que “en el más alto nivel de la administración Obama se quiere cambiar la política, sólo se necesitan refuerzos políticos para presionar por ello”; pidió a Ebrahimi hacer donaciones a figuras políticas clave en el Senado; contrató al exdirector de medios hispanos de Obama, Luis Miranda; cabildeó con funcionarios clave de la política exterior, corporaciones y empresas influyentes y financió encuestas de opinión.

Así, un sondeo de la firma consultora Anzalone Liszt Research Inc. (a cargo de John Anzalone, cercano a Obama), reveló que los jóvenes cubano-estadounidenses en Florida favorecían nexos con La Habana. Otro, del Atlantic Council, encontró que la mayoría de estadounidenses favorecía vínculos con Cuba. Según el exoperador político del Grupo Trimpa, James Williams, ambas encuestas mostraban amplio apoyo para crear una nueva normalidad y dar voz a la mayoría silenciosa.

A su vez, apoyaron a Williams fundaciones energéticas como Atlantic Philanthrophies, la Ford Foundation y la Christopher Reynolds Foundation; la Oficina de Washington para América Latina, el Centro para la Democracia en las Américas y el Grupo de Trabajo de América Latina; y hasta think tanks como el Brookings y el Consejo de las Américas.

La gran jugada pública del Grupo Trimpa fue en abril de 2014, cuando en las estaciones del metro próximas a la Casa Blanca y el Departamento de Estado aparecieron decenas de carteles donde se leía: “Sr. Presidente, es tiempo de tomar acción sobre la política de Cuba” y “El pueblo americano es nuestro mejor embajador. Es tiempo de permitir que todas las personas viajen libremente a Cuba”. Esos carteles, de gran impacto mediático, los hizo el grupo #CubaNow, voz de jóvenes moderados cubano-estadounidenses de Miami y rama menor del Grupo Trimpa.

El 6 de noviembre de 2014 el Consejo de Seguridad Nacional afinaba los detalles de la normalización y un mes después los negociadores se veían por última vez en Canadá para definir la logística del canje de prisioneros. La mañana del 17 de diciembre, Alan Gross fue liberado “por razones humanitarias” en una coreografía tan cuidada que pocos supieron que retornó a Estados Unidos en el blanquiazul avión de Barack Obama.

A la vez, los emocionados cubanos vieron bajar del avión en La Habana a tres antiterroristas de Los Cinco, liberados en una operación discreta, coordinada, calculada milímetro a milímetro (como recordaría Ramón). Esa sorpresa llegó al asombro cuando Adriana Pérez llegó al aeropuerto José Martí luciendo su muy avanzado embarazo que concluyó el 6 de enero de 2015 al nacer Gema Hernández Pérez.

Con esa diplomacia secreta Obama repudió 55 años de esfuerzos de Estados Unidos para sofocar la Revolución Cubana. A su vez, Raúl Castro explicó que los progresos alcanzados en “los intercambios sostenidos” muestran que es posible encontrar solución a muchos problemas.

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