Posteado por: Mexico Global | diciembre 11, 2015

Interrogantes del Viernes 13

Nydia Egremy

El odio, hoy, transita sin pasaporte y sin semáforo que lo detenga, como el agua, está licuado en los medios de comunicación,
en la desimbolización del lenguaje de guerra,
en las canciones donde proliferan las amenazas,
se invoca a la muerte y se destruye al semejante:
Robinson Salazar.

Hasta ahora ningún acto del Estado Islámico (EI) ha debilitado a Occidente, poseedor del mayor poderío militar de la historia, aunque torpe ante este adversario casi medieval. Analizar los recientes ataques del EI pasa por preguntar si son la coartada perfecta para que Rusia legitime la nueva era antiterrorista de Obama. ¿Qué tipo de guerra eliminará al EI? ¿Por qué falla la inteligencia global ante este oscuro grupo? ¿Sobrevendrá, una vez más, el veto a las libertades civiles?

Los ataques contra turistas en Túnez, el derribo del Airbus 321 ruso en Egipto y las masacres contra civiles en Líbano y Pars, revindicados por el grupo radical sunita EI, dieron un gran giro estratégico en la lucha contra el terrorismo con la creación del eje Washington-Moscú-París. Con esa inédita alianza, Occidente logra que Rusia deje de actuar de forma autónoma en Siria para coordinarse con las fuerzas francesas y amplíe su intercambio con los servicios de inteligencia.

En un segundo plano, Rusia también obtiene puntos a favor: su indiscutible destreza militar en la campaña aérea que emprendió desde el 20 de septiembre contra bastiones del EI en Siria, le permite dejar de ser el paria mundial tras la crisis en Ucrania y regresar a Medio Oriente como actor insoslayable en el rediseño de esa región. Hoy Occidente cambia de actitud hacia Moscú, cuando hace unas semanas le recriminaba que sus ataques se centraban en zonas opositoras al presidente sirio Bashar Al-Assad. Por esa razón, Rusia es hoy un aliado imprescindible en la solución de los conflictos levantinos.

Inquieta el fracaso de los servicios de seguridad para prevenir los ataques del EI. Se duda de la eficiencia del aparato de inteligencia de Estados Unidos (EE. UU.) que recopila miles de millones de datos para detectar potenciales atentados, como admitió el presidente estadounidense Barack Obama. También turba que personas “fichadas” traspasen fronteras y viajen a países escrutados, adquieran explosivos y documentos falsos, como denunció el periodista holandés Harald Doornbos, quien compró un ficticio pasaporte sirio con la fotografía del primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte.

¿Qué guerra debe librarse contra el EI?

Tras los ataques del V-13 el presidente galo François Hollande afirmó que “Francia está en guerra”, sin explicar cómo va a combatir a un adversario tan ubicuo, numeroso y rico como el EI. Hace siglos, el militar chino Sun Tsu planteó en su obra El arte de la guerra, que el general (strategos) debe explotar la situación según las circunstancias; siglos después, el padre de la guerra moderna, Claus von Clausewitz, definió que el fin de la guerra es conseguir los objetivos políticos. Entonces, ¿qué guerra debe librarse contra el EI? Ante las acciones sorpresivas del EI no parece viable una guerra  convencional (GC), donde los beligerantes se enfrentan físicamente para destruir al enemigo y su infraestructura.

Tras el “11 Septiembre”, las acciones bélicas de EE. UU. se sustentan en la Estrategia Militar Nacional que establece: “Debemos estar preparados para encontrar, capturar o matar a grupos extremistas violentos dondequiera que residan y cuando amenacen nuestros intereses y los de nuestros aliados”, recuerda la analista Katherine Díaz Pérez. Y ello apunta a una guerra no convencional (GNC) para desestabilizar al adversario con medios innovadores como la subversión y el miedo para que haga concesiones.

Sin embargo, dos días después de los ataques en París, la aviación francesa y la estadunidense lanzaron ataques convencionales sobre campos de entrenamiento del EI en la ciudad siria de Al-Raqah y contra 116 camiones de transporte de crudo para limitar su poderío económico. A la par, hay actos de guerra no convencional como la propaganda mediática corporativa que consolida la percepción de que ese grupo es tan poderoso militar y financieramente que trasciende fronteras y coopta a militantes de todo el planeta.

Por otra parte, es evidente la falta de estrategia en los bombardeos de la Coalición –que lidera EE. UU. desde agosto– pues bombardea objetivos sin sentido ni coordinación. Así lo confirma el ataque a puestos del EI en Raqah, ocurrido después de que los yihadistas abandonaran la zona, según afirma el especialista ecuatoriano Tito Andino Urrea, quien agrega que, paradójicamente, la Coalición no ataca en Irak las refinerías del EI, que así mantiene el control sobre esos centros energéticos.

Y con esa aparente contradicción entre táctica y estrategia, el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, ha advertido que la cooperación mundial que se establecerá contra el EI pondrá más presión sobre ellos.

EE. UU.-Siria-Rusia

Hace tiempo que los intereses geopolíticos de Washington y Moscú chocaron en Siria, que ha sido y es el corazón de Medio Oriente. Su estratégica posición la convierte en el centro del tránsito de las redes comerciales más importantes entre Asia, África y Europa; es vital para que Rusia acceda al Mediterráneo por el puerto de Tartus y para la nueva red de gasoductos y oleoductos con destino a China.

En 2013, Robin Wright reveló en The New York Times el plan de Remodelación del Medio Oriente del Estado Mayor de EE. UU. para dividir a Siria en dos: una, que gobernaría el 30 por ciento del territorio (la capital y la costa del Mediterráneo), y otra en el desierto sirio y sus reservas de gas, gobernada por “rebeldes moderados” apoyados por la superpotencia. Por ello, Washington rechazó unir esfuerzos con el presidente sirio para combatir al EI.

Bajo ese plan para Medio Oriente también EE. UU. desplegó dos mil tropas en Irak –de donde salió en 2011– tras el surgimiento del EI. Y pese a concluir su guerra en Afganistán, la contienda más larga de su historia, el Pentágono mantiene a 10 mil 500 tropas de la operación Apoyo Resuelto. Esa política de retiro-ocupación permitió a Washington prepararse para derrocar a su archi-enemigo, el presidente sirio Bashar Al-Assad.

Hace tiempo que el gobierno de Damasco enfrenta una cuádruple ofensiva coordinada. Al norte operan tropas turcas; al sur, Jordania lanza ofensivas, en el este perdió Palmira y su zona petrolífera ante el EI y en el oeste hay una zona- colchón en la frontera con Israel que intenta aislarla de Líbano. En esa estrategia envolvente participan miles de combatientes opositores, muchos simpatizantes de la OTAN, afirma el embajador ruso en la ONU, Vitali Churkin.

Rusia, Irán y el movimiento chiita de Líbano, Hezbolá, son los principales soportes internacionales del presidente Al-Assad. En 2013, Moscú rechazó el plan estadounidense para derrocar a Al-Assad con “rebeldes” a quienes ha financiado y entrenado. En septiembre pasado, la situación cambió cuando Vladimir Putin anunció ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que lanzaría bombardeos contra el EI. En sólo un mes de acción, la aviación rusa desactivó importantes instalaciones del EI que no tocó Occidente en su ofensiva.

Ante el abrumador éxito de la operación rusa, EE. UU. anunció el despliegue de sus fuerzas especiales en Siria, para retomar su liderazgo en la región. Tras los ataques terroristas de Beirut y París, en el marco de la Cumbre del G-20 en Turquía, se gestó la integración de Rusia a la Coalición Internacional contra el EI que rediseñará al mundo en los próximos meses.

Para ello, el Kremlin admitió que un acto terrorista derribó al Airbus 321 de la aerolínea Metrojet sobre la Península del Sinaí; este atentado costó la vida a 224 personas que el 31 de octubre viajaban del centro vacacional egipcio de Sharm el Sheik hacia San Petersburgo. En una inusual conferencia de prensa desde el Centro de Administración de la Defensa Nacional, el 17 de noviembre, el presidente ruso Vladimir Putin, flanqueado por el director del Servicio Federal de Seguridad ruso, Alexander Bortnikov y un gran mapa aéreo de Siria, confirmó que la explosión de la nave se debió a un artefacto que contenía un kilo de TNT.

Aunque el EI se atribuyó el derribo, Putin advirtió a los responsables: “Los buscaremos en todas partes, no importa dónde se oculten y los castigaremos” y quien quiera que los ayude o refugie será responsable. Agregó que reforzará su campaña y no habrá fecha límite, que cumple el artículo 51 de la Carta de la ONU. El Kremlin ofrece 50 millones de dólares de recompensa por información que conduzca a la captura de los autores del ataque.

¿Por qué París?

Pasado el primer impacto emotivo por los ataques en la capital francesa, vale recordar la entrevista de la revista París Match al vicepresidente del Tribunal de Lille, Marc Trévidic, en septiembre pasado, quien alertó del riesgo que corren los franceses por la actuación de su gobierno en Siria. Ahí, Trévidic advertía que la amenaza “está en un nivel nunca alcanzado hasta ahora”, pues para el EI, Francia es el enemigo número uno “de un ejército de terroristas que dispone de medios ilimitados”.

Para el funcionario judicial, el EI anhelaba golpear a Francia con acciones de gran magnitud; alertó que los días más sombríos están por llegar y “la verdadera guerra que el EI desarrollará en nuestro suelo aún no ha comenzado”. A la pregunta ¿Por qué Francia? Trévidic respondía: “¡Porque somos el objetivo ideal! EE. UU. es más inaccesible y Francia se ha convertido en el aliado número uno de Washington”, pues para los yihadistas es una nación colonial que sostiene a Israel y vende armas a los países del Golfo que deliberadamente oprimen a su comunidad musulmana.

Dos meses después de esa entrevista y tras los ataques del V-13 que costaron la vida a 129 personas y dejarpn un saldo de 200 heridos, el presidente francés François Hollande afirmaba ante el poder Legislativo reunido en Versalles, que los ataques fueron “planeados en Siria, organizados en Bélgica y perpetrados en nuestro suelo, con complicidades en Francia”.

¿Por qué Beirut?

Líbano, antes llamada “la Suiza de Medio Oriente”, escenificó entre 1975 y 1990 una cruenta guerra civil que destruyó su infraestructura y en 1982 fue ocupado por Israel. Con apoyo de Irán, el naciente movimiento chiita Hezbolá expulsó a Israel y consolidó su representación de la comunidad chiita de Líbano, de ahí que sea adversario del grupo sunita EI.

La actual crisis política ha impedido por 17 meses la elección de un presidente en Líbano; el jueves 12 de septiembre la situación se complicó: dos explosiones en el barrio chiita de Burj al-Barajneh de Beirut–enclave de Hezbolá– acabaron con la vide de 43 personas y dejaron 200 heridos. El EI reivindicó el acto, confirmando que ese terrorismo es el más peligroso para los musulmanes; sin embargo, nadie en Occidente puso en circulación hashtags o campañas en honor a las víctimas de los ataques en Beirut, como recuerda Sáenz de Ugarte.

Éste es el contexto de la nueva era antiterrorista, cuyas medidas son idénticas a las que siguieron al 11-S: más presupuesto a ejércitos y fuerzas de seguridad que dejará ganancias del complejo industrial militar; mayor margen de acción a los servicios de inteligencia que ni son eficientes ni son confiables para los ciudadanos. La matriz de opinión corporativa dificulta identificar a las víctimas de los victimarios, pues sataniza al Islam en su conjunto y oculta los intereses geopolíticos detrás del terror.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: