Posteado por: Mexico Global | mayo 27, 2016

#España en su laberinto

Por Nydia Egremy

En el siglo XXI, la expotencia marítima y colonial se pliega a la estrategia de Estados Unidos, al interés trasnacional y la banca global con políticas neoliberales que condenan a los españoles a la desigualdad y la subordinación. Esa traición de gobiernos emanados de los partidos tradicionales pesó en el electorado, que en la elección del 20 de diciembre le negó la mayoría.

Ahora, tras cinco meses de flirteos e insensatez, la víspera de la nueva elección del 26 de junio, los partidos volverán a pedir la confianza de ciudadanos que aspiran a tener un Ejecutivo que vele por un mejor futuro para España. De triunfar las veleidades, dicho país estará condenado a degradarse aún más.

La escena es tensa: una mujer mayor pregunta a Felipe VI de España por “el trabajo para los jóvenes” mientras lo retiene por la mano para evitar que ingrese al Monasterio de Yuste, en Cáceres.

La señora le señala a varias muchachas e insiste: “Estas jóvenes no tienen trabajo” y el jefe de Estado, aún con su mano retenida por la mujer, responde: “Estamos trabajando (para resolver el asunto)”. La anciana le hace notar: “Todos los años te digo lo mismo” y agrega: “Hay que intentar trabajar para todos los nietos”; entonces el rey le suelta la mano, saluda a otras personas y sentencia: “Yo llego donde llego”.

Y sí, el monarca representa lo que hoy es España: un modelo político que llegó al límite mucho antes del 20 de diciembre (20-D), cuando la monarquía mostró el cobre y los partidos su mezquindad.

Desde diciembre pasado, la vida política española transita entre la ingobernabilidad y la incertidumbre; las cúpulas partidistas persisten en sus devaneos y olvidan que hoy se juega la posibilidad de consumar un Estado de Bienestar o mantener el pernicioso esquema económico que ha privado a millones de españoles de salud, empleos, pensiones y hasta de dignidad.

La España de 2016 sufre las secuelas de la crisis económico-financiera de 2008, agravadas por las fallidas políticas neoliberales que desmantelaron lo que quedaba del Estado de Bienestar. Tres décadas de alternancia bipartidista sólo han dejado trabajo precario y cada vez menos derechos sociales; de ahí que entre 2011 y 2013 se suscitara un notable despertar de la conciencia social y de la movilización ciudadana, refiere el economista Juan Torres López.

En el exterior, España aparece como dócil aliado de Estados Unidos en su combate al terrorismo global y conserje estricto de la Unión Europea, que frena la inmigración desde el Mediterráneo occidental. La alternancia –“democracia”, le llaman– ha cedido territorio ibérico al Pentágono y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para bases militares con la promesa de “crear empleos”; esa dependencia externa, herencia del capitalismo pauperizador, también ha nutrido la corrupción estructural de una clase política indolente.

En la campaña del 20-D estuvo ausente el debate sobre política exterior, como lo es antes del 26 de junio (26-J). No se explica a los españoles que la troikala Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) insiste en reformar el mercado de trabajo en el país, recortar el gasto público y reducir su déficit en 11 mil millones de euros. El nuevo Gobierno decidirá si capitula o resiste a la avariciosa banca.

También deberá responder a la reivindicación independentista de Cataluña y el País Vasco (que este año va a elecciones). El bipartidismo tradicional amenaza y evoca la falsa unidad territorial del país, por lo que ha retrocedido en aquellas tierras.

Por ello el 20-D los españoles clamaron por una forma “mejor y más honesta de liderazgo”; pero los políticos no se sobrepusieron a sus “ambiciones personales” como citaba The New York Times en su editorial del 27 de abril.

Rebasados por la izquierda
A partir del 26-J gobernará España un partido o coalición emanado de la “democracia electoral” que tanto celebra Occidente. Sondeos oficiales dan el triunfo al conservador Partido Popular (PP de Mariano Rajoy) y el segundo sitio al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), hoy liderado por Pedro Sánchez y autodesignado de “izquierda pragmática”.

Esos partidos, cada vez más parecidos en pensamiento y acción, fueron por 30 años únicos actores de la alternancia y, naturalmente, protagonistas de sendos escándalos por corrupción.

Ambos han sido también artífices de medidas de austeridad que ocasionaron suicidios por desahucios, recortes y desempleo que gestaron, entre 2011 y 2013, los movimientos opositores 15 de Marzo (15-M) e Indignados.

En 2014 se presentó el manifiesto Mover Ficha: de la indignación al cambio político que lanzó a Podemos como partido político liderado por Pablo Iglesias, cuyo programa de izquierda anticapitalista promovía la participación y horizontalidad. En las elecciones parciales apostó por la coalición “Ahora Madrid”, que ganó varios concejales.

Hoy se critica a Podemos de dar un giro al centro, en una estrategia electoral cuyo proyecto simula el cambio de condiciones de vida de los españoles desde el Parlamento con reformas “light”, contrarias a las reivindicaciones del 15-M.

Para el 26-J Podemos, Izquierda Unida (IU) de Alberto Garzón, y Equo (ecologista y humanista) formaron la coalición “Unidos sí se puede”, que les representaría 69 escaños y con los que superarían al PSOE como segunda fuerza, aunque distaría cinco puntos del PP. Un verdadero rebase por la izquierda.

Los militantes de esas fuerzas tienen un perfil común y coinciden en temas de la organización territorial de España (Cataluña), impuestos, servicios públicos e inmigración. El PP y el PSOE nutren el mito de que IU será “fagocitada” por Podemos, cuyos militantes les llamaban “pitufos gruñones” hace menos de un año.

Otro grupo emergente es Ciudadanos (C) –ya presente en Cataluña cuyo presidente y exmiembro del PP, Albert Rivera, defiende que su programa es por la regeneración y la ruptura con la vieja política. En las elecciones europeas logró 500 mil votos que le reportaron dos eurodiputados, aunque se le critica su alianza con la extrema derecha y que varios militantes han sido imputados penalmente.

Entre ellos figuran el exvocero Jordi Cañas por fraude fiscal, Javier Nart por cuentas en Suiza, Fernando Mut por desvío de recursos, y Manuel Erdozain por prevaricación, entre otros. Tras el 20-D tuvo una alianza efímera con el PSOE y acordaron 200 medidas para reformar las acciones del PP en cuatro años de Gobierno. No prosperó.

A esos nuevos adversarios se enfrenta el PP, que pese a lograr más votos en diciembre, no alcanzó la mayoría para reelegirse. Es un partido minado por los escándalos por corrupción estructural y blanqueo de dinero, al grado de perder 2.5 millones de electores. Además, Rajoy no es autocrítico: pondera sus “triunfos” económicos, silencia sus fracasos y atribuye toda disidencia a rebeliones internas. Su violento rechazo a la autonomía de Cataluña redujo la presencia de su partido en esa región.
El PSOE es otra paradoja de la política española, pues el 20-D, pese a que tuvo el peor resultado desde 1977, quedó en segundo lugar. Tras cinco meses no logró ninguna alianza, y molestos con Pedro Sánchez, los influyentes delegados territoriales (llamados barones) propusieron un Congreso que lo relevara.

Al final, Sánchez tuvo el respaldo de la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que llegó al cargo por el apoyo de Podemos al grupo “Ahora Madrid”.

La campaña hacia el 26-J del PSOE apuesta a lo emotivo: el miedo, el disgusto y la nostalgia de los leales a ese partido; el PP centra su campaña en el voto del miedo (a los partidos emergentes y a la realidad global). A su vez, Ciudadanos busca el voto de “la nostalgia” y falsa prosperidad, del crédito fácil de los años 90 y comienzos del siglo XXI, explican los periodistas Antoni Domènech, G. Buster y Daniel Raventós.

Estados Unidos falso idilio
España es de interés geoestratégico para Estados Unidos por su proximidad con África –escenario clave en la lucha contra el yihadismo– y para la OTAN en su despliegue del escudo antimisiles en el sur europeo.

Tras el 11-S de 2001, el entonces presidente de Gobierno y líder del PP, José María Aznar, difundió el mito de que Washington y Madrid eran los aliados ideales en la lucha antiterrorista de la superpotencia.

Esa falacia suscitó expectativas del empresariado ibérico que esperaba negociar con la potencia global; pero con la recesión todo cambió; ese idilio artificial se enfrió con José Luis Rodríguez Zapatero del PSOE, pero Mariano Rajoy del PP lo relanzó.

En 2013, los secretarios de defensa de ambos países, Chuck Hagel y Pedro Moronés, pactaron que la base militar de Morón de la Frontera, Sevilla, acogería por al menos un año a la Unidad de Respuesta a Crisis de la Marina (SP-MAGTF, por sus siglas en inglés) para que en una emergencia Estados Unidos apoyara de inmediato a su personal diplomático y mandos militares en África Occidental y Central.

En 2015 España autorizó que el ejército de Estados Unidos ocupara de forma permanente –hasta entonces temporal esa base militar; para ello reformó el Convenio Bilateral de Defensa de 1988 y autorizó que dos mil 200 militares y 500 civiles estadounidenses residan en la base.

Para el historiador Arturo Viloria esa enmienda al tratado bilateral subordina la política exterior de España a Estados Unidos, pues su objetivo es una “intervención militar, no precisamente proteger la estabilidad” y subraya que Morón es el centro de operaciones del Pentágono para toda África. Mientras, complacida, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría destacó que el Pentágono invertiría 29 millones de euros (33.16 millones de dólares) en la remodelación y agregó que la “soberanía está garantizada”.

El canciller español José Manuel García-Margallo defendió en el Congreso los beneficios en “términos estratégicos” y económicos del pacto que generará empleo, riqueza y oportunidades para las empresas locales.

Además se oculta que desde 2005 se disparó la presencia militar de Estados Unidos en España, donde permanecen desplegadas dos mil 721 tropas. En contraste, entre 2005 y 2015 Washington redujo sus fuerzas en Alemania de 66 mil 418 a 30 mil 15 y en el Reino Unido de 11 mil 438 a nueve mil 78. Ésa es la España de hoy, perdida en un laberinto.

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