Posteado por: Mexico Global | junio 1, 2016

La “tormenta perfecta” de la derecha en #AméricaLatina

Por Nydia Egremy

Apartar de la presidencia brasileña a Dilma Rousseff, procesar a la expresidenta argentina Cristina Fernández y revocar la gestión de Nicolás Maduro en Venezuela, son fases del eficaz plan del imperialismo estadounidense y las oligarquías regionales para impedir la soberanía de Nuestra América. Espiar, judicializar la política, construir percepciones y quebrar a los adversarios es la estrategia de los poderes fácticos que, bravucones, advierten que van por el resto de gobiernos progresistas.

Inquieta la tardía e indolente reacción de las izquierdas ante esa tormenta perfecta –que se veía venir– y que deja a los ciudadanos solos, divididos y desalentados.

Dilma Rousseff, 29 ministros, banqueros, su propio asistente y la empresa Petrobras fueron espiados por la Agencia Nacional de Seguridad (ASN) de Estados Unidos, según divulgó en 2013 el excontratista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Edward Snowden.

Casi tres años después, el pasado 12 de mayo, asumía como presidente interino de Brasil Michel Temer, informante de Estados Unidos desde 2006, según WikiLeaks. Ambos hechos ilustran cómo velan por sus intereses estratégicos en la región la superpotencia, el capital trasnacional y las oligarquías locales.

Desde el año 2000 el imperialismo y las élites locales maniobraron para destituir a los mandatarios que no les eran gratos. Tuvieron éxito con Juan Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay. Paradójicamente, el primer golpe de Estado –y el más valioso en términos estratégicos– logró revertirse: el que la derecha venezolana asestó contra el presidente Hugo Chávez Frías. Gracias a que éste contó con actores fundamentales que neutralizaron el ataque, fue restituido 72 horas después.

Esa experiencia fue una gran “escuela” para el imperio, que afinó sus conspiraciones en la región de la mano con las derechas siempre dispuestas a todo y aun con las izquierdas que defienden la legalidad burguesa (y acaban defendiendo los intereses de clase de los promotores del golpe), estima el matemático e investigador social Ricardo Arturo Salgado Bonilla.

Así, en los últimos seis meses cambió significativamente el mapa político de América Latina: la derrota peronista-kirchnerista en Argentina, la presión para revocar el mandato del presidente venezolano y el dominio opositor en la Asamblea, la derrota del referéndum por la reelección de Evo Morales en Bolivia.

A ello se suma el juicio político contra la presidenta de Brasil, “por maquillar las cuentas públicas de 2014”, que no es un delito. Lo promovió el líder de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, sujeto a proceso judicial por ocultar dinero corrupto en Suiza. Ante el Consejo de Ética de la Cámara, el 19 de mayo, Cunha negó tener cuentas en el extranjero, pero la justicia suiza comprobó que sí hay cuentas del legislador en bancos helvéticos.

Trasfondo imperialista
El contexto golpista en la región tiene un fuerte carácter geopolítico: la subregión sudamericana es gran productora de materias primas (energéticas y alimenticias principalmente), así como de biodiversidad, agua y espacio. De ahí que Wall Street, la banca mundial y los mercados de valores vieran con preocupación el control de esos territorios y recursos por los gobiernos de Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador.

Para el Partido de los Trabajadores (PT) Petrobras fue la principal fuente de ingresos. Por ello, el programa Blackpearl de la ASN espió a esa empresa para que Estados Unidos determinara su política energética, como revela el documento Las redes privadas son importantes, según el reportero de The Guardian, Jonathan Watts.

Algo similar hizo la ASN en Venezuela, que posee grandísimas reservas de crudo y gas que le garantizan ingresos por un tercio del producto interno bruto (PIB). Desde 2010 accedió a datos sensibles de la operación de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA), según otro documento que Snowden filtró y difundieron TeleSur y The Intercept.

El expediente de marzo de 2011 y etiquetado “top secret”, consigna que “entender PDVSA es entender el corazón económico de Venezuela” y sugiere que Obama ordenó la operación secreta conjunta –de la ASN, la CIA, el Departamento de Seguridad Interior, la Agencia Federal de Investigación (FBI) y la Agencia para Control de Drogas (DEA)– para espiar la situación energética de Venezuela, como reveló The Wall Street en octubre de 2015.

También hay causales internas. Para el politólogo argentino Atilio Borón, lo ocurrido en Brasil no fue una sorpresa, sino desenlace de una serie de imperdonables desaciertos políticos que imponen la profunda autocrítica en el seno del PT (y del kirchnerismo en el caso argentino).

En su texto Dilma, Capitulación y Después de 2014, Borón urgió a reconstruir al PT, a cambiar de raíz la injusta estructura económico-social del país, ir más allá del asistencialismo y acotar la dictadura de caciques y coroneles del Congreso, “baluarte de la reacción”, para empoderar a las masas y garantizar la gobernabilidad.

Sin embargo, “ocurrió lo peor, pero no inevitable”. Por decisiones equivocadas, lamentable miopía política e “inexplicable ingenuidad” de creer que el proyecto del PT se sostendría sin radicalizar el proceso político, sin potenciar la organización popular y sin librar una batalla ideológica en todos los frentes. En síntesis, dice el sociólogo, ésta es una gran lección para los movimientos y fuerzas populares de América Latina: “o rdicalizan sus proyectos o perecerán a manos de personajes monstruosos como los que hoy gobiernan Brasil”.

A su vez, el doctor en Ciencias Sociales, Robinson Salazar, desentraña tanto los errores del progresismo como los aciertos de la derecha. Con apoyo de los medios, la derecha afinó su estrategia de apropiación, limó la base económica, desdibujó la estructura financiera progresista, atomizó a la sociedad y la orientó para cuestionar lo popular e inducirla al consumo, el libre cambio monetario y acceso a nuevas tecnologías.

En tanto, el progresismo mostró un liderazgo compulsivo, un discurso encapsulador y vertical, dirección que no incorporó ingredientes populares, retórica constructora de realidad, abandono de empoderamientos y vacío en la estructura orgánica para controlar el poder.

Así, el descontento popular se filtró hacia canales opositores; el adversario ofrecía alegría, trabajo y libertad –sin explicar a qué costo–. Hoy que se reclama el reposicionamiento de las fuerzas populares de la región, en ciertos sectores académicos y políticos se advierte el fin de una etapa de gobiernos nacional-populares y se anticipa que la derecha perdurará por varios años, considera Salazar en su texto Qué veo en América Latina.

Nuevas formas de golpe de Estado
La mejor caracterización del cambio político en Brasil la dio el Gobierno de Cuba: es un “Golpe de Estado parlamentario-judicial, disfrazado de legalidad” y un “artificio armado” de sectores de la oligarquía brasileña apoyado por la gran prensa reaccionaria para revertir el proyecto político del PT y “usurpar” el poder que no lograron con el voto. Para lograrlo, el imperialismo orquestó una operación muy sofisticada que recurre al hardpower (poder duro) y el softpower (poder suave).

En América Latina, las oligarquías locales pretenden imponer la fórmula: Estado mínimo + fin de las políticas contra la desigualdad + política exterior subordinada = desestabilización.

Así, mientras asestan el golpe parlamentario contra Rousseff, aumenta la presión contra Venezuela para revocar al presidente con un referéndum y violencia callejera.

La misión de los monopolios mediáticos en este objetivo consiste en fomentar el desaliento popular. La prensa argentina celebra el procesamiento de la expresidenta Cristina Fernández y convierte en éxito la rendición de Macri a los bonos buitre y la prensa brasileña actúa como partido opositor.

En Brasil, el “golpe blanco” comenzó en junio de 2013 con manifestaciones que algunos creyeron democráticas porque criticaban al gobierno y al PT desde la izquierda.

“Tremendo engaño, era el comienzo de la ola descalificadora de la política, primer paso en la ofensiva de la derecha”, sostiene el sociólogo Emir Sader. Y en 2014, tras la reelección de Dilma, las movilizaciones ya eran piedras en la arquitectura golpista de “sacar al PT del gobierno como sea y con quien sea”, agrega.

El analista Ricardo Arturo Salgado ofrece una visión esperanzadora al sostener que aunque el reloj juega a favor de la consolidación del golpe de Estado, no hay que olvidar que las fuerzas revolucionarias y los movimientos sociales de Brasil poseen grandes estructuras organizativas.
El proceso contra la expresidenta argentina Cristina Fernández busca desmantelar los logros del progresismo argentino. Acusada por el delito de “Administración infiel en perjuicio de la administración pública” en el marco de la causa por el dólar futuro.

La expresidenta es procesada por el juez Claudio Bonadio –también imputado por “permitir el cobro” de los contratos de dólar futuro– quien ha procesado a 12 personas por la misma causa, entre ellos el actual subjefe del gabinete ministerial de Mauricio Macri, Mario Quintana.

Los mayores beneficiarios del dólar futuro forman parte del staff presidencial y consiguieron una “renta extraordinaria” con la devaluación, aseguró el extitular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) y presidente de Nuevo Encuentro, Martín Sabatella.

Resistencia regional
Nunca en su historia, los pueblos latinoamericanos habían tenido tan cerca la posibilidad de desprenderse de su injusta herencia colonial e imperial de pobreza, desigualdad y despojo, hasta que tuvieron gobiernos antihegemónicos.

En contraste, el golpista que funge como presidente interino de Brasil, Michel Temer, declaró que podría eliminar las políticas sociales que impulsó el PT. Su ministro de Hacienda anunció el recorte de cuatro mil empleos antes de diciembre, que bajará el gasto público y creará nuevos impuestos.

El dirigente del Movimiento de los Sin Tierra (MST), Joao Pedro Stedile, llamó a la movilización permanente a todas las fuerzas populares reunidas en el Frente Brasil Popular, que llevó miles de firmas contra el impeachment al Senado y al Supremo Tribunal Federal. Para las elecciones legislativas del dos de octubre, el PT actuará como frente de resistencia, pues se celebrarán bajo un Gobierno ilegítimo.

También considera que vendrán más ataques contra el expresidente Lula para detener su eventual candidatura a la presidencia en 2018.

El rechazo al golpe por parte de los brasileños se expresó en el mundo con la imagen del director Kleber Mendonza Filho, actores y personal de la cinta Aquarios, que tras recibir un reconocimiento en el Palais de Cannes, Francia, desplegaron ante los espectadores carteles y mantas con las leyendas: “Ha ocurrido un Golpe de Estado en Brasil”, “Resistiremos”, “Brasil no es una democracia”.

En Argentina, mientras tanto, el Gobierno de Macri ha revertido los logros del kirchnerismo: la megadevaluación redujo los salarios a casi la mitad y el 75 por ciento de la población perdió poder adquisitivo. Además, unos 450 mil empleados han sido despedidos y miles de pequeñas y medianas empresas cierran por semana.

En Venezuela no cesa la ofensiva de la ultraderechista Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que ahora insiste en aplicar el referéndum revocatorio –que consagró en la Constitución el presidente Hugo Chávez– antes de enero de 2017. Tras los decretos que prorrogan el Estado de Emergencia Económica y el Estado de Excepción, aumentó la violencia de mercenarios contra ciudadanos y fuerzas del orden.

A esa agresión física se añade la verbal contra el presidente Nicolás Maduro por el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, quien desde Washington le espetó: “tienes un imperativo de decencia pública para hacer el referéndum revocatorio. Es tu deber. Negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir te transforma en un dictadorzuelo”.

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