Posteado por: Mexico Global | junio 7, 2016

Escenario de guerra inminente contra #Venezuela

Por Nydia Egremy

Tras el golpe parlamentario-judicial contra la presidenta de Brasil, Dilma Roussef, al imperialismo le resta sólo asestar el golpe de gracia al socialismo del siglo XXI con la “guarimba recargada” que despoje al Gobierno de Venezuela del control sobre la mayor reserva de hidrocarburos líquidos del planeta.

Sin puentes de diálogo entre el Palacio de Miraflores y la oposición, triunfará la estrategia de los actores no estatales para desarticular y distraer de sus objetivos a las fuerzas revolucionarias. Tal escalada violenta confirmaría que la miopía política es tan eficaz como los ejércitos, drones y misiles.

La Bolivariana es una revolución inédita en el mundo y en América Latina, pues nació plenamente decidida a producir cambios pacíficos pero profundos.

También es atípica porque reconfiguró el mapa geopolítico nacional tras confirmar su victoria electoral en el referendo revocatorio del 15 de agosto y los comicios regionales.

Siempre bajo acoso trasnacional, la Revolución Bolivariana alcanzó relieve global y superó la crisis financiera internacional; sin embargo, no logró resistir la caída en los precios del petróleo.

Hoy la amenazan también la persistencia de grandes niveles de corrupción e ineficacia, además de la falta de atención a los temas pendientes, citaba en 2004 el pensador venezolano Haiman El Troudi.

El imperialismo ha lanzado contra esta revolución su multidimensional guerra de baja intensidad (GBI). Ahí convergen la destructividad y la injerencia extranjera de fuerzas convencionales (el Comando Sur), no convencionales (mercenarios, sabotajes) y la guerra psicológica –para influir en la población con medios y organizaciones no gubernamentales– sincronizados con la presión económico-financiera. Esta ofensiva, articulada por las corporaciones trasnacionales y sectores contrarrevolucionarios, busca controlar la Franja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez e impedir la integración latinoamericana.

La virulencia de la GBI aumentó tras la fallida asonada contra el presidente Hugo Chávez y el paro petrolero de 2002. Para liquidar la Revolución Bolivariana y sus programas sociales, las fuerzas contrarrevolucionarias de Venezuela y el exterior sumaron a las campañas de odio, desabasto de bienes y violencia urbana, su obsesión por ejecutar la Ley de Amnistía y aplicar el Referéndum Revocatorio Presidencial (RRP) que, suponen, desalojará al presidente Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores. Ese proyecto también legitima la intervención extranjera que hace más de una década incluye el uso militar.

Como toda confrontación con ingredientes bélicos, la del imperialismo contra Venezuela tiene fuerte carácter estratégico. En la partida de ajedrez geopolítico que libran Estados Unidos y Rusia en América Latina, todas las acciones de la superpotencia pretenden dinamitar el proyecto integracionista que impulsa la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

De ahí que Washington siga la estrategia del “palo y la zanahoria”, donde conjuga la ayuda económica y la firma de acuerdos preferenciales con países ideológicamente afines con sus objetivos, mientras intensifica el aislamiento de los gobiernos progresistas-populistas de la región, en especial Venezuela, considera el geopolitólogo Germán Gorraiz López.

Rusia busca neutralizar la influencia de Estados Unidos y la Unión Europea en el cono sur americano.

En su relación con Caracas es estratégico el rubro energético, donde ambos países son gigantes petroleros y a la vez Moscú se propone socavar la preeminencia del dólar en el comercio a partir de crear un Banco Binacional de Cooperación Comercial que opere con monedas nacionales.

El Kremlin también maniobra en el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para evitar que el reciente cambio político en Brasil transforme a ese país en “gendarme de los neoconservadores” en la región y que Occidente (Estados Unidos y la Unión Europea) apoye su ingreso en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como miembro permanente para respaldar sus intereses.

China es otro gran jugador geopolítico en la región. Caracas y Beijing firmaron un pacto energético que amenaza el plan geopolítico de Estados Unidos de secar las fuentes energéticas del gigante asiático.

La empresa china Sinopec invertirá 14 mil millones de dólares para producir 200 mil barriles diarios de crudo en la Faja Petrolífera del Orinoco, el yacimiento más abundante de petróleo.

Plan militar-petrolero
Esa pugna tiene su expresión militar en el documento de trabajo Operación Venezuela Freedom-2, firmado el pasado 25 de febrero por el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, que descarta una “salida electoral” a la crisis política y afirma que sólo una “salida violenta” acabará con la presidencia de Nicolás Maduro.

Ahí describe que la primera fase corrió a cargo del general John Kerry –antecesor de Tidd– quien confirmó al Comité Senatorial de los Servicios Armados del Congreso de Estados Unidos, que ante la “rampante violencia, delincuencia, pobreza, inflación galopante, escasez de alimentos, medicina y electricidad” en Venezuela, se centró en atender la crisis humanitaria.

El documento, que reveló el grupo de periodismo de investigación Misión Verdad, agrega que la fase actual de la operación es “de amplio espectro” para aplicar “fuerza decisiva, proyección de poder, presencia en ultramar y agilidad estratégica”.

La ejecución corresponde al Comando de Operaciones Especiales, la Fuerza Conjunta Bravo (situada en la base de Palmerola, Honduras) y la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (inteligencia).

Todos se despliegan rápidamente en un arco geoestratégico que se proyecta sobre Venezuela, con apoyo de bases de “control y monitoreo” situadas en Aruba, Curazao y Colombia.

La prensa corporativa legitima con su servilismo esas operaciones encubiertas contra un país soberano. El periodista Juan Forero publica en The Wall Street Journal (TWSJ, 13 de mayo) que dos agentes le advirtieron que en la comunidad de inteligencia estadounidense aumenta la creencia “de que el presidente (Maduro) debe ser removido, ya sea en un golpe palaciego liderado por cercanos a él o en una revuelta militar”.

Según Forero, a Estados Unidos le interesa que Venezuela “no toque fondo”, aunque los bolivarianos “están paranoicos con el golpe”.

En esa ofensiva mediática, el director de The Washington Post, Martin Baron, sostuvo irónico que las críticas y ataques que ha recibido de Rafael Correa (presidente de Ecuador) o de Hugo Chávez “las llevamos como medallas de honor”.

Lo acompañó el editor del diario venezolano El Nacional, Miguel Henrique Otero, quien declaró que la región pasó “de las repúblicas bananeras a las dictaduras populistas”.

La oposición local comparte esa visión. Los decretos del presidente Maduro que instauran el Estado de excepción –que concede facultades al Gobierno para ocupar las fábricas que la burguesía cierra– y que prorrogan el Estado de emergencia para lidiar con la crisis económica y las amenazas contra su gestión, sólo restringen “el derecho a manifestarse contra la escasez o la falta de electricidad”, según el constitucionalista José Vicente Haro.

Hoy la oposición local especula hasta con la nacionalidad de Maduro. A ello contribuyó el exembajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Guillermo Cochez, quien presentó una supuesta acta de nacimiento del mandatario registrada en Colombia.

Al esquema militar, la ofensiva mediática y psicológica de la guerra de baja intensidad, se integra la bien articulada estrategia provocadora de las corporaciones petroleras, en particular de la Exxon Mobil contra Venezuela.

En mayo de 2015, el presidente del Capítulo Venezuela del Parlamento Latinoamericano (Parlatino), Ángel Rodríguez, reveló cómo esa empresa buscó obstaculizar el acercamiento entre Caracas y Washington.

Rodríguez condenó que la Exxon Mobil pretenda explorar en Guyana –que tiene un complejo diferendo territorial con Venezuela– y consideró que no era casual que el cuatro de mayo –tres días antes de que llegara a la capital venezolana el Consejero del Departamento de Estado para América Latina, Thomas Shannon– se anunciara el hallazgo de yacimientos de crudo en la zona que Caracas reclama.

El legislador recordó que a finales de 2007 la petrolera arreció su ataque contra Venezuela cuando fracasó su demanda ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIARDI). Por ese golpe legal, la empresa no pudo licitar para extraer petróleo en la Faja Petrolífera Hugo Chávez, la mayor reserva del energético en el planeta.

En represalia, la trasnacional buscó que un tribunal británico congelara 12 mil millones de dólares en activos externos de Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) en 2008; tres años después, intensificó su campaña contra la petrolera estatal.

El 6 de marzo de 2015, tres días antes de que Barack Obama firmara su decreto contra Venezuela y Exxon Mobil anunció que iniciaría actividades en la zona limítrofe con Guyana, vetada para tales operaciones.

España “humanitaria”
La Revolución Bolivariana ha sido confrontada, desde su origen, por los respectivos gobiernos españoles de José María Aznar y Mariano Rajoy del Partido Popular (PP), así como por Felipe González y Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

De igual forma actúa la prensa corporativa ibérica, como se observa en el artículo de Henry Ramos El ejército de Nicolás Maduro, dividido, publicado en El Mundo, que no aporta pruebas o testimonios que respalden su versión. Sólo cita fuentes anónimas que “confirman el malestar” de los “altos mandos”.

El 26 de mayo, cuando el presidente Maduro criticaba la “propaganda de guerra” de esos medios españoles y los acusaba de pedir a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la intervención militar contra Venezuela, el Consejo de Seguridad Nacional español discutía en Madrid el impacto de la situación venezolana en los intereses ibéricos.

Un día antes, en Belgrado, el canciller español José Manuel García-Margallo ofrecía crear un “fondo de ayuda humanitaria” para la población “extraordinariamente necesitada” de Venezuela, que vive una “crisis política gigantesca” con desabasto de 82 por ciento y un sistema de salud en “estado de guerra”.

Entonces llegó a Caracas el secretario general del partido español Ciudadanos, Albert Rivera, quien se reunió con figuras de la oposición y se comprometió a divulgar que Venezuela sufre una “crisis humanitaria”.

En sus 40 horas de estancia, Rivera no logró visitar al líder ultraderechista Leopoldo López, condenado a 14 años de prisión por incitar a la violencia, pues las autoridades se lo impidieron.

Al final de su visita, Rivera declaró que Venezuela es un país “rico en recursos humanos y pobre en libertad”.

En reacción, el presidente Maduro afirmó que los españoles “creen que pueden venir a dar consejos” cuando en su país hay un 21 por ciento de desempleados, cuatro millones y medio de españoles que carecen de empleo y nadie ayuda a nadie”.

Y remató al declarar que la oposición venezolana no disimula su interés por entregarle otra vez la patria de Bolívar a “la oligarquía española, la oligarquía yanqui y al imperio estadounidense”.

La lesiva intervención extranjera en Venezuela proviene de los sectores más reaccionarios de Estados Unidos, Europa y América Latina.

Los expresidentes colombianos Andrés Pastrana, César Gaviria, Belisario Betancur y Álvaro Uribe –todos censurados por violar los derechos humanos de sus conciudadanos– no dudan en arropar a la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori.

Mientras tanto, silencian la persistente infiltración de paramilitares colombianos en Venezuela, que en 2014 asesinaron al diputado del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), Robert Serra, y a su asistente María Herrera. En junio de 2015, el exconcejal de Cúcuta (Colombia) fue capturado y acusado de financiar ese crimen político.

Otra injerencia es la afirmación en Miami del expresidente del Gobierno español José María Aznar de que la “terrible situación” de Venezuela confirma el fracaso del socialismo del siglo XXI.

Lo secundó el expresidente boliviano Jorge Quiroga, quien declaró a la agencia EFE que ese proyecto fue el de “una pandilla de socios listos” apoyados por la chequera venezolana y el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil.

Impacto regional
Venezuela no es el único objetivo del imperialismo. El golpe judicial-mediático que desplazó de la presidencia brasileña a Dilma Rousseff y sacó del poder al PT prueba que la estrategia de Washington es terminar todo avance de integración en la región y exhibir el fracaso de los gobiernos progresistas, explica el analista Aram Aharonian.

Para frenar la acometida contra el Gobierno bolivariano, Paraguay solicitó una reunión de cancilleres del Mercosur (que integran Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela) a fin de analizar la situación de Venezuela y respaldar a su revolución.

A su vez, el presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (Coppal), Manolo Pichardo, consideró “imprudentes” las expresiones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, de que el presidente venezolano Nicolás Maduro sólo quiere el poder.

Almagro confunde la crisis política de Venezuela con un escenario académico donde pretende dar lecciones y “sólo entorpece” la mediación de la Unasur que realizan los exmandatarios Leonel Fernández (de República Dominicana), Martín Torrijos (Panamá) y el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, dijo Pichardo. En esa encrucijada internacional y regional está el país de Bolívar.

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